
(Thomas Cole fue un pintor estadounidense, aunque nació en Inglaterra. En una serie de 5 cuadros alegóricos llamada El curso del Imperio creó una historia atemporal de inicio, ascenso y caída de una ciudad, de un imperio, de una civilización. El cuadro que se ve corresponde al cuarto de la serie. Su título es La destrucción)
El humo sube en un vórtice irresistible y se revuelve entre el cielo frágil, mezclando gritos y oscuridad en las alturas azules. Desde los flancos hacia el centro, ataca con fiereza la claridad que parece nacer brevemente antes de ser engullida por las nubes más oscuras y la humareda. Esa luz que agoniza quizá sea un reflejo de aquélla otra en la que los dioses están vigilando y miran esta jornada negra desde su morada, si es que existen. Mientras persiste, ese cielo plácido que llega desde el fondo hasta el que alcanza nuestra vista, viene por el mar hasta la entrada en la bahía y parece acompañado de una luz mansa, aún. Su diáfano azul va acercando entre las olas la brisa, que mueve barcos lejanos que pugnan y se hunden, y según se acerca se transforma en un vendaval que parece insuflar la violencia suficiente para convertir una cierta inquietud en la lejanía en violencia y terror, más cercanos a nuestra vista.
Una gran columna derruida bajo los templos y la gran cúpula de la derecha son azotadas sin piedad por otro viento vacío que nadie sentirá. Ondea con viveza una bandera en uno de los extremos del paseo que tras el rompeolas cerraba la apacible bahía, caerá enseguida. El otro extremo se desploma con violencia en el mar hacia su abismo. Antes, el enorme peñón parecía un presagio de fuerza y resistencia, como si fuese capaz de protegerlo todo, una barbacana inexpugnable. Hoy parece una montaña árida y empequeñecida ante el furor humano. Y otra columna, caída tiempo atrás, parece en sus grietas una boca de fiera encadenada sufriendo golpes. Acercándose a la entrada de la ciudad que vivía y soñaba, acompañaban el paseo edificios destinados a la eternidad para la gloria que serán una sombra en horas. Más arriba cúpulas y columnatas como brazos a la entrada de la bahía. Hoy, esos edificios arden, se desploman como la memoria de su esplendor. El palacio tras la columnata ya también es víctima de un fuego que hace huir a la gente buscando un refugio que no existe. Los invasores han entrado, desde el mar o desde la montaña. El puente que comunicaba las dos partes de la ciudad, antes de llegar al puerto, se hunde con fragor, y los fugitivos caen envueltos con la roca frágil ahora, junto con algunos de sus invasores. Y las naves se agitan en la lucha, bailando una danza que deja de tener sentido más alla de la pervivencia, y el odio atruena en las mentes y deja el sabor de la sangre en la boca. Matará y hará morir a muchos, algunos quizá habrían podido escapar entre el caos.
Los defensores, sorprendidos, se han retirado a la plaza y al débil puente para realizar un último contraataque desesperado, entre la humareda caótica y un terror informe y vigoroso. Se agolpan, acometen, hienden, caen, gritan, golpean, sufen, sangran y cercenan cualquier tejido, malla o carne, la más cercana, la más indefensa, la única en la que pueden descargar su ira que pronto también será vana, empavorecidos y rugientes avanzan hacia donde su destino les ordene morir. En las escaleras que bajan al mar, también empezaron las peleas. Hay algunos con lanzas, alguien alza sus brazos pra dar el postrero golpe, alguien se esconde detrás de un escudo, tras caer al saltar desde arriba y trastabillarse.Mira, pero no ve. Contrasta con el hombre a su lado, que tensa su brazo para asestar un golpe o lanzar una honda, o un objeto a alguien que no vemos, auqnue sabemos que sufrirá también la misma sed de sangre. Algo más abajo, un guardián va a arrojar su lanza contra alguien, detrás de él, los cuerpos caídos y la sangre forman su retaguardia. Una figura postrada entre ellos alza los brazos y se desespera, a su lado otra detenida entre los cuerpos muertos, y mientras, la muchedumbre rueda por encima de ellos, algunos caen. Los que pudieron llegar hasta allí, imploran bajo el pedestal de la gran estatua, uno de ellos resulta presa fácil.
Una mujer se lanza al mar ante el guerrero que viene persiguiéndola, ha conseguido atrapar su manto, pero el peso ya se inclina hacia la caída. En este recodo más cercano, la resistencia ha cedido, un guerrero se asoma en primer plano y otro porta una antorcha hacia algún lugar. Los cadáveres de los ciudadanos pueblan también el lugar, acompañados por el de algún militar con una flecha en el cuello, justo donde acababa su coraza. A los pies del guerrero protector, un escudo pesa sobre un brazo y un cuerpo muertos, un arquero resiste y un lancero sostiene la lucha contra la embestida que llega desde el barco que nos tapa el muro. La estatua parece inflamar el furor de ambos, pero terminará enseguida, y el tiempo que ha mellado el escudo, derruirá el lugar donde serán abatidos. La cara del espíritu de la lucha hecho piedra también ha sido desmoronada por el espíritu maligno que hoy trae la desgracia.
Y a su lado yo, que he sido elegido para la encarnación de ese espíritu y he adoptado su cara, el ciudadano que soñaba con otras glorias, que advirtió a los bárbaros y facilitó su estrago. El traidor por siempre y para siempre. Bajo mi manto verde contemplo la facilidad de la devastación, el ímpetu de su dominio, y me estremezco ante el poder de la aniquilación ciega y el sufrimiento que he asestado como un heraldo negro. Pienso en mi culpa, en la del mundo, que nadie es culpable, que lo seré para siempre. Creo que antes de que todo termine, me apoyaré en el pedestal de la imagen guerrera y dejaré ver mi rostro a aquellos que ayer eran mis vecinos y hoy serán mis víctimas, para que antes de sucumbir puedan hacer renacer en sus miradas sanguinolentas y febriles el fuego del odio y el desprecio que ya no me abandonarán nunca.
Para finalizar, enlace a una página donde podreís ver este épico cuadro. Espero que os guste, como me pasó a mí. Evidentemente, él no tiene la culpa de mi entrada, dadle una oportunidad :) .
http://www.paintinghere.com/painting/The_Course_of_Empire_Destruction_2628.html