Albert Einstein
Una plaga recorre el mundo real y el virtual, una abyecta marea de la que la inmensa mayoría somos complices propagadores. Infecta el periodismo especialmente, pero también las finanzas y el deporte, el resto del ocio y la vida privada; es la superioridad del sujeto opinante sobre el hecho opinado. Es la proliferación de tertulias y preguntas callejeras sobre cualquier tema sobre el que damos por sentado que cualquier ciudadano domina(mos), o al menos debe dominar tras haber leído o escuchado a estos fascinantes todólogos que reciclan las opiniones de un grupo de expertos para regurjitarlas sobre nuestros cerebros bien mascadas y calentitas (el por qué esos programas no acuden a las fuentes originales y ofrecen 5 minutos de debate auténtico y ponderado en vez de excitantes gallineros es un misterio; sólo se me ocurre que debe de ser por entretenimiento. La verdad es un coñazo. La discusión es un drama).
Reglas de protocolo y diplomacia internacional, gramática, física cuántica, derechos contrapuestos, biología marina, qué sé yo,desde el tema más banal hasta el más relevante pueden ser ofrecidos a cualquiera de nosotros para que en 2 segundos se nos ocurra algo y salgamos dicíéndolo en donde Ana Rosa o en el Telediario a la hora de comer. Y por supuesto, toda esta farsa que sería risible si no fuese fatídica esconde una peculiar idea de democracia resumible en "todas las opiniones son respetables", curioso aserto que complacería mucho a Goebbels o el KKK. Es una locura de sobredosis de opinión, que se come la información en la prensa y la verdadera reflexión en todo lo demás.
La crítica es necesaria siempre (y de las cosas que más molan en el mundo, ya lo dice el gran Battiato en una canción "el placeeer de sentirseee juntooooooos...para criticaaaarrrr...y era como un mal deáaaaafricaaaaa...maldeáaaaafricaaaaaaa"), pero también deberíamos tener en cuenta que es muy fácil, lo más fácil que hay en este mundo, cualquiera valemos. Thomas Mann tarda una década en escribir "La montaña mágica" y cualquiera podemos decir sin más tras leer 3 páginas, "esto es una mierda". Y ya hemos quedado por encima, sin necesidad de pensar nada, de encontrar nada. Para qué. Que se moleste el autor, el músico, el político, en complacernos. Nosotros tenemos el poder. Y con algo de suerte, imaginaremos un slogan que triunfará en las redes sociales. Mientras tanto, cualquier iniciativa, buena o mala, se enfrenta a miles de discusiones, editoriales, tertulias, parodias, manifestaciones y comentarios. Eso está bien, pero se agradecería menos ruido y de vez en cuando, ese gran silencio que pedía Azaña, en el que todos pudiéramos aprender un poco de lo que no sabemos, antes de hablar. Tratar de comprender, y de aprender, para juzgar con mayor justicia no parece mala idea. Pero bueno, hablar "porque sí" tiene su punto, hasta cierto punto. El zumbido en plan radiación de fondo sobre cualquier cosa, la piedra de la opinión formada de ocurrencias de la mayoría de nosotros sobre temas que muchas veces ni conocemos sobre la espalda del creador, el famoso o el que afirma algo, es muy molesto.
Y luego, la opinión pública, ese conceto. Y "la gente". ¿Somos la gente, lo es nuestro vecino pesado, lo es quien discrepa de la mayoría? La gente no entendería que, la gente pide un cambio, la gente está indignada con, la gente va donde va Vicente, viva la gente, joder. La hay dónde quiera que vas. Que habría sido de los grandes hechos de la humanidad si quien debía realizarlos era sometido cada minuto al escrutinio de tres tertulias, dos editoriales y dieciseís artículos de opinión. Con algún malote aguafiestas en la tienda de gominolas trabajando para los dueños dándole diversidad al asunto y que tras 5 insultos y 2 menosprecios gratuitos y bastos para que "la gente" se ría del pobre diablo que sólo quería cantar la pachanga de moda, y para demostrar que sabe hacer más cosas que insultar a quien tiene prohibida la réplica, podría concluir que la penicilina no sirve para nada más que para satisfacer ansias de notoriedad, que Darwin ayer regañó a su hijo y es mal padre, que Sófocles es un excéntrico que no sabe lo que hace, o que la batalla de Gaugamela se ha ganado de potra. Por ejemplo. Total, para algo tiene un micrófono, quien lo tiene. Para ofrecer la verdad. Y cuanto más grosera y basta, parece que más verdadera es para muchos. Es admirable la capacidad de iniciativa del ser humano, aún intacta, con todo el personal corriendo a dar su opinión sobre cualquier tontería. Supongo que somos raros...
Fin del desahogo, (que quizá caiga en lo que critica...es una exageración, afortunadamente, yo sólo querría hacer reir una miaja). Vivimos en un lugar maravilloso donde los votos que de verdad cuentan son los que decidirán al macarra o el putón que vamos a echar del Gran Hermano, la verdad de las cosas las tienen Iker Jiménez y su circo y la opinión profunda nos la brindan Pedro J y los del gato al agua luchando contra Wyoming y Willy Toledo en impar batalla. No estaría mal, veríamos el espectáculo definitivo. Y además, este post es un aburrimiento :DD
