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lunes, 3 de octubre de 2011

Los que saben de todo

Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas
Albert Einstein

Una plaga recorre el mundo real y el virtual, una abyecta marea de la que la inmensa mayoría somos complices propagadores. Infecta el periodismo especialmente, pero también las finanzas y el deporte, el resto del ocio y la vida privada; es la superioridad del sujeto opinante sobre el hecho opinado. Es la proliferación de tertulias y preguntas callejeras sobre cualquier tema sobre el que damos por sentado que cualquier ciudadano domina(mos), o al menos debe dominar tras haber leído o escuchado a estos fascinantes todólogos que reciclan las opiniones de un grupo de expertos para regurjitarlas sobre nuestros cerebros bien mascadas y calentitas (el por qué esos programas no acuden a las fuentes originales y ofrecen 5 minutos de debate auténtico y ponderado en vez de excitantes gallineros es un misterio; sólo se me ocurre que debe de ser por entretenimiento. La verdad es un coñazo. La discusión es un drama).

Reglas de protocolo y diplomacia internacional, gramática, física cuántica, derechos contrapuestos, biología marina, qué sé yo,desde el tema más banal hasta el más relevante pueden ser ofrecidos a cualquiera de nosotros para que en 2 segundos se nos ocurra algo y salgamos dicíéndolo en donde Ana Rosa o en el Telediario a la hora de comer. Y por supuesto, toda esta farsa que sería risible si no fuese fatídica esconde una peculiar idea de democracia resumible en "todas las opiniones son respetables", curioso aserto que complacería mucho a Goebbels o el KKK. Es una locura de sobredosis de opinión, que se come la información en la prensa y la verdadera reflexión en todo lo demás.

La crítica es necesaria siempre (y de las cosas que más molan en el mundo, ya lo dice el gran Battiato en una canción "el placeeer de sentirseee juntooooooos...para criticaaaarrrr...y era como un mal deáaaaafricaaaaa...maldeáaaaafricaaaaaaa"), pero también deberíamos tener en cuenta que es muy fácil, lo más fácil que hay en este mundo, cualquiera valemos. Thomas Mann tarda una década en escribir "La montaña mágica" y cualquiera podemos decir sin más tras leer 3 páginas, "esto es una mierda". Y ya hemos quedado por encima, sin necesidad de pensar nada, de encontrar nada. Para qué. Que se moleste el autor, el músico, el político, en complacernos. Nosotros tenemos el poder. Y con algo de suerte, imaginaremos un slogan que triunfará en las redes sociales. Mientras tanto, cualquier iniciativa, buena o mala, se enfrenta a miles de discusiones, editoriales, tertulias, parodias, manifestaciones y comentarios. Eso está bien, pero se agradecería menos ruido y de vez en cuando, ese gran silencio que pedía Azaña, en el que todos pudiéramos aprender un poco de lo que no sabemos, antes de hablar. Tratar de comprender, y de aprender, para juzgar con mayor justicia no parece mala idea. Pero bueno, hablar "porque sí" tiene su punto, hasta cierto punto. El zumbido en plan radiación de fondo sobre cualquier cosa, la piedra de la opinión formada de ocurrencias de la mayoría de nosotros sobre temas que muchas veces ni conocemos sobre la espalda del creador, el famoso o el que afirma algo, es muy molesto.

Y luego, la opinión pública, ese conceto. Y "la gente". ¿Somos la gente, lo es nuestro vecino pesado, lo es quien discrepa de la mayoría? La gente no entendería que, la gente pide un cambio, la gente está indignada con, la gente va donde va Vicente, viva la gente, joder. La hay dónde quiera que vas. Que habría sido de los grandes hechos de la humanidad si quien debía realizarlos era sometido cada minuto al escrutinio de tres tertulias, dos editoriales y dieciseís artículos de opinión. Con algún malote aguafiestas en la tienda de gominolas trabajando para los dueños dándole diversidad al asunto y que tras 5 insultos y 2 menosprecios gratuitos y bastos para que "la gente" se ría del pobre diablo que sólo quería cantar la pachanga de moda, y para demostrar que sabe hacer más cosas que insultar a quien tiene prohibida la réplica, podría concluir que la penicilina no sirve para nada más que para satisfacer ansias de notoriedad, que Darwin ayer regañó a su hijo y es mal padre, que Sófocles es un excéntrico que no sabe lo que hace, o que la batalla de Gaugamela se ha ganado de potra. Por ejemplo. Total, para algo tiene un micrófono, quien lo tiene. Para ofrecer la verdad. Y cuanto más grosera y basta, parece que más verdadera es para muchos. Es admirable la capacidad de iniciativa del ser humano, aún intacta, con todo el personal corriendo a dar su opinión sobre cualquier tontería. Supongo que somos raros...

Fin del desahogo, (que quizá caiga en lo que critica...es una exageración, afortunadamente, yo sólo querría hacer reir una miaja). Vivimos en un lugar maravilloso donde los votos que de verdad cuentan son los que decidirán al macarra o el putón que vamos a echar del Gran Hermano, la verdad de las cosas las tienen Iker Jiménez y su circo y la opinión profunda nos la brindan Pedro J y los del gato al agua luchando contra Wyoming y Willy Toledo en impar batalla. No estaría mal, veríamos el espectáculo definitivo. Y además, este post es un aburrimiento :DD


jueves, 17 de marzo de 2011

Sport must go on...

Como todos los niños, quise ser un héroe. Un ídolo admirado y querido (adorado, más bien, aunque entonces quizá no sabía distinguir entre ambas cosas)...y no había otro horizonte mental para eso que ser un deportista de élite exitoso y reconocido. Todos veíamos los partidos importantes, apoyábamos a los nuestros, y creo que en el fondo, deseábamos ser ellos. Los imitábamos entre los patios de un colegio de suelo duro, y porterías de redes raídas, en horas de gimnasia o en el recreo con una botella o bola de papel albal como balón y todos contra todos, corriendo sin sentido, o con el sentido que le daba la pelota improvisada, que es el unico sentido que tiene el fútbol. Después de las clases, jugábamos en el patio a balonmano, a veces baloncesto, o volvíamos al fútbol, y en los parques seguíamos pidíendonos países, jugadores, equipos y jugabamos un mundialito. El fútbol no era el único deporte (recuerdo a Lorenzo Rico y a la Jugoplástika de Split como ídolos perpetuos), pero era el rey indiscutible. Y los jugadores parecían trabajadores empeñados en honrar a los aficionados de un club que les pagaba bien por dejar todo en el campo para que quienes no habían tenido la suerte de ser elegidos para representarlos salieran orgullosos de la cancha.

Ese era el fútbol que apasionaba a los personajes de La Peste de Albert camus que en medio de la epidemia discuten sobre el medio centro, el de los héroes refulgentes en el sol o caídos en la sombra de Eduardo Galeano, el Garrincha de la canción de Alfredo Zitarrosa (Lo lleva atado al pie como una luna atada al flanco de un jinete /lo juega sin saber que juega el sentimiento de una muchedumbre /y le pega tan suave tan corto tan bello /que el balon es palomo de comba en el vuelo /y lo toca tan justo tan leve tan quedo /que lo limpia de barro y lo cuelga del cielo /¡y se estremece la gente /y lo ovaciona la gente!) o el de la tripulación de Shackleton atrapada en la Antartida organizando partidos en el hielo.


Luego, mis sueños se quedaron en un cajón de la memoria. Pero seguí aficionado a ese reino mágico de ilusión, donde las desgracias se sepultan por la esperanza que puede traer la próxima semana, la gente se une en pasión compartidas y olvida casi todo lo demás durante unos cuantos minutos plenos de mentira maravillosa.

Pero me lastima es ver que ese mundo de héroes esforzados, tenaces y cercanos es ahora la última premiere de Hollywood, con alfombra roja, mucho envoltorio, y la sensación de barraca de feria y embaucadores profesionales con chaleco. Supongo que cuando era niño tampoco difería tanto y no me daba cuenta...pero es que lo de ahora es una locura, un master en marketing, un producto manufacturado, envuelto y listo para vender en cada hogar que se pueda. Afortunadamente, siempre habrá una pelota que pueda querer entrar o no en una portería o en un aro. Ese instante justifica tantas tonterías.

Ahora cualquier deportista es un superhéroe, con alimentos y ejercicios planificados al milímetro, participa en campañas solidarias, deja los detalles de la vida cotidiana a un representante que le ofreció sus servicios cuando tenía 6 años, tiene asesores de imagen, jefes de prensa, anuncia coches, bancos o espárragos, opina que el equipo lo ha intentado y sonríe mucho en las ruedas de prensa que da cada día para contarnos sus apasionantes entrenamientos y que se encuentra bien. Vende camisetas , cambia de peinado, se hace un tatuaje y tiene detrás suyo a cientos de persona informando puntualmente de cada una de estas gilipolleces.

Hace poco, un entrenador con 23 años a sus espaldas en el banquillo de un equipo, los tah Jazz de la NBA, cesó porque había discutido con la estrella del equipo y el propietario del club no quería refrendar la sanción que Jerry Sloan quería imponer. ¿Por qué? Pues porque el espectáculo es la estrella, sus gestos, sus declaraciones, sus tatoos, su persona misma. Y luego ya, ganar o perder es lo importante. Dinero, me refiero. Los aficionados estamos a merced de la macroeconomía deportiva (que esa es otra, no entiendo que se pueda decir que el deporte, en concreto el fútbol, pueda generar toda la barbaridad de dinero que añoa tras año gasta). Pero seguimos picando.

Y en fin, añoro las épocas en las que mi padre podía llevarme a ver un entrenamiento de la selección, o ver un partido con entradas regaladas en la esquina del estadio en las gradas de cemento en días nublados o lluviosos, ver a los míos esforzarse sobre la lluvia, equivocarse fatalmente o alcanzar la gloria del gol en un ambiente modesto, con aficionados fieles discutiendo sobre necesidad de un lateral o acercándose al portero para felicitarlo por la última parada del día anterior (si soy sincero, añado que tampoco entiendo mucho a la gente que tiene esa devoción por su equipo. Pero cuando es honesta, no me importa. Cada cual tiene sus obsesiones) También había grosería y actitudes reprobables entonces. Pero era más auténtico.

No quiero ser testigo cada día de marcas inconcebibles, hazañas y records, me basta con apreciar el esfuerzo y la habilidad entregadas honestamente. Y disfrutar del juego que cuando los flashes declinan y los micrófonos callan, ofrecen a esos héroes (falsos, pero durante lo que dura el juego lo olvidaremos) la posibilidad de nuestra gratitud. Y discutir sobre aquella falta y aquella tarjeta en un ambiente de camaradería y exaltación. Y seguir la pelota, como en los recreos, entre cientos de piernas indiferentes o con la intención de robárnosla para salir corriendo en cualquier dirección, sólo por el placer de intentar domarla. Porque, más allá de todo lo anterior, el alma de esos deportes es la pelota. Y también, en palabras de Galeano, el clamoroso silencio del estadio vacío, donde ha caído la noche y algún vencido sigue sentado, solo, incapaz de moverse, en medio de las inmensas gradas sin nadie.

P.D: Ánimo, Abidal :)

sábado, 4 de diciembre de 2010

Si los tiburones fueran personas

Si los tiburones fueran personas", preguntó al señor K. la hijita de la arrendadora, "¿se portarían mejor con los pececillos?". "Por supuesto" dijo él...

Esto es de Bertolt Brecht, y lo teneís en internet, para disfrutarlo (buscadlo con ese título, si quereís) en otras páginas. Pero lo que dice no es tan amable, y bueno, hoy no apetece serlo, en un país en el que cada cual mira por sí, y parece ignorar a los demás y pedirles "que se busque la vida" a la mínima ocasión, si están en situación de poder hacerlo.

Si fuéramos un país serio, habríamos blindado los sectores estratégicos que cualquier país necesita para funcionar al egoismo y la mala fe de los privilegiados encargados de procurar su correcto funcionamiento. Supongo que exigiríamos a los gobernantes menos populismo recurrente y una actuación de autoridad democrática y previsión. Pero la autoridad es un concepto extraño en nuestra democracia avanzada y ajena a imposiciones, y prevenir no es necesario, si bajo las piedras hay mil excusas.

Si supiéramos que el Estado significa monopolio legítimo de la violencia nos haríamos menos cruces cada vez que vemos un uniforme, y quizá entendiéramos que para que las leyes y la convivencia que en definitiva la procuran o la imponen (sí; imponen, si es necesario) funcionen, en ocasiones se necesita de esa fuerza legítima para que los que pueden coaccionar a las mayorías no estén en condiciones de imponer sus castigos impunemente.

Si fuésemos menos sectarios, examinaríamos las decisiones y las explicaciones gubernamentales como si a nosotros nos hubiera correspondido el mal trago de tener que decidir la actuación a llevar a cabo. Y quizá, si fuéramos más comprometidos con el papel público del Estado, habríamos escuchado antes a los autoproclamados señores del cielo y hubiésemos apoyado, criticado o estudiado su punto de vista, y pensado que está situación podía llegar. Y preverla

Si España fuese un país más cívico, menos gregario o más celoso de sus libertades, quizá se habría preocupado de garantizarlas más convenientemente. Si formáramos una sociedad menos acomplejada, asumiríamos que un ejército moderno puede y debe asumir funciones de urgencia cuando lo público no tiene otra forma de defenderse. Si pensáramos más y nos dejáramos llevar menos por las ocurrencias, quizá habríamos previsto que hay sectores que nunca debieran dejarse en manos privadas (dicen que los sabios son aquellos que saben lo que está a punto de ocurrir). Si fuésemos más dispuestos a ser conciliadores, quizá las negociaciones más difíciles podrían, a veces, llegar a buen puerto.

Si los tiburones fueran personas comerían a los demás peces por necesidad, pero quizá no los considerarían siempre como algo ajeno a ellos y que nada importan.

Lamento si he sido injusto, pero era lo que me venía a la cabeza estos 10 minutos extraños. Es un sentimiento recurrente, supongo que aplicable a todos los demás. Que gran país podríamos ser si no tuviéramos algunas cosas tan malas. Ánimo a quienes han quedado en tierra, y que todo se arregle pronto.

Son tiempos interesantes. No confiamos en el Gobierno, no confiamos en el sistema legal, no confiamos en la prensa, no confiamos los unos en los otros... ¡Hemos socavado toda autoridad y, con eso, las bases para reemplazarla!(...) ¡Es el sueño de un niño de seis años hecho realidad!

Calvin y Hobbes

domingo, 3 de octubre de 2010

Pinceladas (y aseveraciones incontrastadas)

Soy el peor pintor que imaginaros podaís. Años de incapacidad y observación me hicieron darme cuenta, no obstante, que dar 4 trazos largos sin mucho sentido podían pasar por algo que era igual de malo pero que podía dar el pego, usando la imaginación ajena en la construcción de una imagen que no tenía sentido. Soy un tipo muy astuto, como el que metió a la bruja del cuento en su propio horno, y me dispongo a hacer algo parecido (en una actividad que se me da algo mejor), también con el objeto de ser más breve, que es algo que está bien. Así que allá voy:

Tras su positivo por dopaje, Alberto Contador tuvo la discutible idea de acudir a la Noria a defenderse, se dió un baño de multitudes y acogió aliviado el veredicto exculpatorio del Presidente de Cantabria, que está en todas las salsas, tras mirarlo a los ojos y asegurarle que no había hecho trampas. Mis conocimientos médicos y farmaceúticos son nulos, así que no puedo pronunciarme sobre el fondo del asunto, pero sí sobre aspectos que me parecen interesantes sobre el tema: la aclamación populista y sin reservas hacia alguien sólo por ser el nuestro y la simpatía hacia la actuación populista de Revilla, la delegación del juicio popular en una autoridad que decida en su mirada de ojitos tiernos, la negación del "sapere aude", atrévete a saber, a ser crítico, de la ilustración y su hija política, la democracia. Exagero un poco, supongo, y deseo que Contador sea inocente, pero ese espectáculo es penoso. Pero también es rentable, en términos privados, aunque devastador en lo público. La política antidopaje en España es el gran obstáculo para que Madrid pueda tener unos JJOO que serían fantásticos para esa ciudad, y todo el pais. La imagen de que en España es un pais donde se consiente la trampa (por mucho que la regulación deportiva sea draconiana en ciertos deportes, que seguramente lo es, pero para todos) causa un perjuicio económico público de una magnitud enorme. No estoyhablando de este caso, sino de todos los anteriores. Quizá los medios, los políticos, debieran reflexionar sobre las consecuencias de sus apoyos y actitudes.

Uno de esos políticos (enlazando con maestría jejej) es Secretario de Estado para el deporte y precandidato a la alcaldía de Madrid, y ha apoyado a Contador tras su positivo, en calidad de Secr. de Estado, se supone. Segunda pincelada, las primarias famosas. ¿Alguien sabe alguna diferencia ideológica o de programa entre los contendientes?. Leo que ha habido tensión entre la candidatura de Zapatero y la no-de-Zapatero por temas tan candentes como quien iba primero a algunos pueblos. Guau. Lo que no puedo negar es que a efectos de publicidad y legitimidad, puede ser un arma para quien salga ganador. Aunque lo que parezca es que aquí lo que importa es que pasa con ZP en la elección. Que raro es todo.

Leo en el periódico que Scott está siendo desmitificado tras el conocimiento integro de sus Diarios Polares (laversión conocida hasta ahora fue maquillada por J.M.Barrie, el autor de Peter Pan, para convertirlos en algo más emotivo lacrimógeno, supongo). Normal, si eres un Amundsen, llevas perros adiestrados y sabes esquiar, te llevas la gloria, aunque lo hagas parecer tan fácil que parece poco épico. Si llevas perros, no sabes esquiar muy bien, te equivocas, pero reaccionas con valentía, cuidas a tu gente, te comes a los perros, asumes el peligro en primer lugar y salvas a toda la tripulación, dando un ejemplo de liderazgo, al cabo de un tiempo tu nombre será recordado como el de un héroe. Si llevas ponys porque dices que los perros no son apropiados (?¿?¿?), trazas mal tu plan, no te comes a los animales y no te das la vuelta a tiempo, sentimos tu desgracia, chico, pero tu destino es salir en una canción de Mecano.

Me he hecho cuenta en Twitter. Principalmente por publicitar mis entradas bitacoriles, jejeje, pero me ha resultado mucho más interesante de lo que creía al principio. La posibilidad de seguir lo que pasa es impresionante, si te interesa una noticia la tienes al segundo (seguí un buen rato lo que ocurría en Ecuador, fue interesantísimo comprobar la herramienta que puede llegar a ser). Por otra parte, la avalancha de datos puede impedir una visión real, más profunda o más lúcida. Pero es una herramienta periodística de una magnitud inconcebible, me parece. Por lo demás, en su vertiente red social tambén es interesante, instantanea, amena, y con gente famosa colgando sus ideas, artículos, reflexiones instantaneas, paridas...¡son como nosotros, con más dinero! En resumen, interesante y con enormes posibilidades, aunque la amyor parte del tiempo sea banal. Recomendable, creo. Aunque sólo sea con fines de propaganda :DD

Y esto es to, esto es to, esto es todo, amigos. Que tengaís buenos días.