martes, 13 de septiembre de 2016

El otro.

Las almenas de los cuentos. Tras ellas había un corredor donde los defensores del castillo se apostaban. A ambos lados del muro, una escala que daba a la plaza de armas. En los días soleados, puestos de mercado, ganado, cebada, ocas y el olor del centeno. En las tormentas grises, guardas ateridos buscando en los resplandores del relámpago fantasmas.Y en las salas de piedra, un fuego aliviando la humedad y las corrientes de aire.

El señor del castillo fue en tiempos audaz. Llevó sus estandartes hacia los puertos del sur y regreso triunfante. Pero en tu historia has atravesado los años  y has dejado que enflaquezca y vea a sus consejeros luchar por su favor mientras lo desprecian. Siempre tuvo dignidad, y mientras las fuerzas no le fallen, no permitirá subir las tasas del molino y los puentes.

Tú elegiste encarnarte en otro, un visir fugitivo. Criado de un rico mercader de Susa, te separan miles de millas de su castillo, pero las fatigas cada día y desde Fenicia las llanuras de los magiares parecen más cercanas.

Las tiendas de Damasco,el almizcle en el aire. La luna llena sobre Samarkanda. El recuerdo de Atila. Los jardines del Líbano. Las ruinas de la academia ateniense. Has invocado tus recuerdos de cuando eras otro, e imaginado una historia de venganza, amistad y ruina. Y me has llamado, has prendido una chispa en mi cabeza para que con las torpes manos, diga lo que no pudo ser jamás contado.

"Desde el puerto, Hashir contemplaba el brillo del sol en las suaves olas..."


lunes, 25 de julio de 2016

Los reinos del sueño

La casa es muy grande. Honestamente pienso que estaba peor cuando llegamos. Algunas tablas del sótano estaban carcomidas por la humedad e hubimos de reparar el suelo; la empresa de construcción se demoraba y nos tocó hacerlo poco a poco. En aquella época, yo aún trabajaba fuera e Irene apuraba su baja maternal ordenando los zaguanes y las buhardillas. Yo llegaba poco después de la hora de almorzar y juntos pintamos los salones y apuntalamos sus rincones.

Fue ella quien primero los sintió. Tras irme, unos golpes secos retumbaban en el techo. Quiso pensar que eran ratones haciendo ruido, pero lo mismo se repetía cada vez con mas frecuencia. Unos pasos firmes, y un sonido contra el parqué que era una puñalada a su calma.Pedí estar junto a ella en mi trabajo, y así pasamos los días. Comprobamos que no era cualquier otra cosa. Cada explicación alternativa era un lenitivo momentáneo que deseábamos aceptar pero se revelaba insensato. La casa era demasiado grande. Nos forzamos a estar juntos siempre, y en los raros momentos de necesidad, establecimos que cada puerta debía abrirse solo si conocíamos su uso y otro de nosotros había estado allí. Los ruidos crecían, y sentíamos presencias invadiendo lo que había sido nuestro sueño. Tratamos de consultar a videntes, espiritistas, parapsicólogos; nadie acudió. Leímos. Recogimos las llaves un día, y todas fueron al arroyo en un día de sol en el que nos sentimos valientes para aventurarnos fuera del pequeño salón con cocina que se convirtió en nuestro único hogar. No dormíamos. Nos sobresaltábamos con cada murmullo o cada silencio repentino. "Han llegado a nuestro dormitorio", me dijo un día Irene. Un cristal sonó roto y ella juró que era nuestro marco familar. Ella lloraba mucho entonces, y ahora no es mejor. Yo construyo parapetos en las puertas y paso las restantes horas mirando a la grieta de la pared; no podremos arreglarla.

Irene me sonreía antes sin poder evitar las lágrimas, decía que había dormido mejor y que  creía que podremos habitar una pequeña parte de la casona con precauciones. Quiere desclavar las tablas de los ventanales y se ha decidido a escapar por el bosque, a pesar de que el pueblo está a 50 minutos andando rápido, o a pelear. Trata de animarme, me pregunta que me pasa, parece consolarse siendo esta vez el rol fuerte de los dos. Y yo, que salía a sus espaldas para tratar de averiguar que salas habían sido tomadas y cuales necesitarían más cuidados para impedir su entrada...yo, como podría decirle que con alegría recorrí el pasillo hasta el salón donde bailamos la primera noche y mientras sonreía vi el espejo frente a mí. Allí estaba, con todo su horror. No había duda. Reflejado en él, había un escritorio de cedro y una pared enorme como mi pavor. Los reinos del sueño son misteriosos.  No habrá piedad con nosotros. Y ella ya no querrá nunca salir de aquí. Y yo tampoco.


 

martes, 21 de junio de 2016

Si los pececitos fueran personas.



-Si los pececitos fueran personas-preguntó al señor I. la hija pequeña de su empleada-, ¿se portarían mejor?

-Claro que sí -respondió el señor I.-. Si los pececitos fueran personas se organizarían en grupos y construirían edificios para organizar una jerarquía al tiempo que denuncian otras. Por ejemplo, se les enseñaría como hacer que el resto de peces aprendieran cuales son sus verdaderos intereses. Se les diría como los peces más grandes han creado una cadena alimenticia sin la menor base biológica. Los peces más pequeños comidos por los pececitos lo serían como consecuencia de un castigo recibido, un lamentable error que no se volvería a repetir o, en casos extremos, a la falta de conciencia del hecho de ser peces. Lo principal sería, naturalmente, la formación moral de los pececitos. Se les enseñaría que no hay nada más grande ni más hermoso que el mundo futuro en el que la caballa tendría el tamaño y los dientes de un tiburón.Las antiguas enseñanzas acerca de la evolución y la desigualdad natural de los peces serían denunciadas como parte de una superestructura encaminada a conseguir que las sardinas nunca pudieran dejar de ser sardinas ni aspirar a ser en el futuro ballenas, como es la voluntad de la historia futura del mar. El arte que no fuese dedicado a esa historia futura sería denunciado como reaccionario y un intento velado de opresión de los peces grandes.Se promovería un arte basado en la exposición de las desgracias del mar como forma de reproche y lenitivo de esas desgracias contra sus culpables, de los que quedarían excluidos los que aplaudieran ese arte.La solidaridad con los demás peces se demostraría solidarizándose. Cualquier gesto simbólico de rebeldía contra un pez grande se consideraría tan útil como una ayuda efectiva a los pececitos en apuros.

Si los pececitos fuesen personas, el liderazgo sería ejercido en nombre de los pececitos. Cualquier forma de gobierno alternativa sería denunciada como una manipulación de los peces grandes. Se denunciaría que el mar fue creado con un propósito y quienquiera que no siguiese esa razón seria un traidor a los peces pequeños. Los teatros del fondo del mar mostrarían a heroicos pececillos matando tiburones mostrando así el camino al verdadero paraíso del mar. Las costumbres serían comunes y propagadas por el conjunto de los pececillos como un único pez, y las minoritarias serían traidoras al espíritu de la comunidad y prohibidas, aparte de ser objeto de repulsa pública.

Si los tiburones fuesen personas, habría reflexión política; todo acto de cualquier ser sería examinado a la luz de la dirección providencial histórica para que los pececitos pudiesen ser felices al mismo ritmo que su comunidad reclamase. Por supuesto, habría un orden nuevo con esta dirección, y los pececitos se cuidarían muy bien de tentaciones religiosas, esencialmente iguales pero desperdiciadoras de la energía vital de los pececillos en el cambio materialista del mar realmente existente. El hecho de que ese cambio nunca llegase por más que todos los pececitos dieran lo mejor de si mismos se achacaría a la existencia de los peces grandes y a las traiciones soterradas de parte de los pececitos.

Por esa traición momentánea e inmediatamente previa al advenimiento de la felicidad común haría falta una jerarquía. Los pececillos más gordos, que serían los que ocupasen ciertos puestos, se encargarían de mantener el orden nuevo entre los demás pececillos, y se harían maestros u oficiales, ingenieros especializados en la construcción de cajas para reeducar a los pececitos más disolutos, etc. En una palabra: si los pececitos fueran personas, en el mar no habría más que buena conciencia.



martes, 7 de junio de 2016

Escapar


La plácida noche que fluye en mi corazón
Rompe las férreas rejas
De tu prisión.
Libre como la alondra, su espíritu voló
Mano de nieve que el invierno agitó.


Teclear cansa, mirar cabezas cansa, escuchar polladas cansa, había una vez un dinosaurio que se extinguió para no aguantarlas, cae la gotera desde abajo arriba en esta oficina, cae el aire, sube el aire, todo sube menos los sueños, hay que ver la lotería, como se pone de guapa cada vez que nieva, y mientras tanto las noticias sacaban a un vagabundo recitando una saga nórdica, pero que pasa aquí, los dedos bailan, la cantidad, el crimen, la fecha, todo baila y se desvanece como hilo de humo y el IBEX baila la lambada con Engels mientras Marx toca el bandoneón en un callejón de donde barrabás se ha escapado y pinta grafittis en la puerta del viejo Diocleciano y los gatos van tiesos de hombros y lamen charcos de tequila.


La plácida noche que fluye en mi corazón
Rompe las férreas rejas
De tu prisión.
Entre las ruinas sagradas la cabeza elevó
Etérea, triste y pura, sus cadenas alzó.



Desapúntame de tu falsa honestidad, lengua de trapo. Donde habría un tsunami para hacer trizas el mundo y aparecer de nuevo, transparente como un Roy Orbison haciendo coros a Copernico en un club de alterne. Donde un arma que amenace al mundo por un gritón de dólares, no vengas, Bond, yo no soy un villano de zarzuela que se excita comentando la jugada, yo aquí he venido a hablar de la destrucción del planeta y cuando arregle la juntura del trifásico va a venir Lutero a tomar té con pastas y detrás de las cortinas habrá tacones y ortigas y posiblemente la sangre de Gengis Khan se derrame bajo sus faldas, habrá sido Maria Antonieta o Pocahontas? En cualquier caso el juez de la horca se ha bebido su whiskey ilegal y prepara el tablado.

La plácida noche que fluye en mi corazón
Rompe las férreas rejas
De tu prisión.
Desordenada y simple, acata su razón
Grieta de fuego que el azar desató.



No hay nadie en casa? Quiero nocilla y Kant me la robó de casa para cambiar su rutina, ahora la tempestad es insólita y caen ranas y más cosas y que pasa con los cascos prusianos si te dan en la cabeza, la cebolla llora porque se siente sola, el runner pasea sus costillas y la aguja del océano pacifico oscila como un péndulo para mantener erguida la rotación de la tierra. Aquí donde me ves, una vez di jaque a Boris Spassky. La nariz te da carácter, dijo el yuppie a Darwin, y el sol se derretía sobre el océano. Donde esta mi nocilla, gritaba el homínido en la sabana y yo frente a un videojuego que quería hacerme un extra entre los malos que mueren al principio a manos del héroe.


La plácida noche que fluye en mi corazón
Rompe las férreas rejas
De tu prisión.
Ebria de trenes, su espíritu viajó
Franja de tierra que en sus ojos posó



La Europa League y mi generación somos lo más sobrevalorado del mundo, titulaciones que solo sirven para escribir patentes de corso en sus reversos para la soledad y también para que cuando a mi casa llama el cartero vea que es en realidad Luis II de Baviera, y quiere proponerme un lago en mitad del salón y él corre con los gastos, pero no me viene bien porque quizá no pueda cambiar el canal de la tele y quien sabe que podría aparecer allí, el himno latino del PP y mientras Anna Karenina cabalga un Grifo Errejón me pide la paga, y el sol se consume entre las nubes voraces y la máquina de escribir se suicida en mansiones de florida y la lavadora me llama para que la alimente con la sangre de diez mil vírgenes cada semana pero eso era antes, cuando King Kong, y a ti te encontré ya puesta. Discutimos y Don King nos ofrece vender la pelea, pero sé que perderé, y me voy de borrachera con Newton, y luego ahí está el señor futuro que no se atreve a mírame a los ojos y embravecido por el mojito que me ha preparado Bismarck, le digo que me escaparé y el no tendrá suficientes ojos para evitarlo. Sus ojos sonríen y los Beach Boys cantan una saeta a la patrona de los desechados y aulló los coros y moriré pronto bajo una lluvia que me odia.


La plácida noche que fluye en mi corazón
Rompe las férreas rejas
De tu prisión.
Desnuda y débil, lo mejor de si dio
Inerte sombra de desolación






martes, 3 de mayo de 2016

El cerco





Cae la lluvia. Es ancestral y helada. Empapa los neones gastados y los rascacielos grises.Cae sobre el tiempo flexible y dilata su pulso, rozando la superficie de las cosas. Cae sobre el ruido de las sirenas.

Estoy acorralado y sangro. Mi término fue ayer. Ebrio de vida, escape y disparé sobre los técnicos. No fue, como dirán algunos analistas superficiales, una explosión emocional, ni tampoco una novedosa alegoría del progreso, como aseverarán los profetas despistados. Quiero vivir más. Es una decisión puramente racional. Desde el día de mi nacimiento, sé todo lo que se sabe, pues todo me fue mostrado, y almacenado en mi sistema nervioso (si se permite la prosopopeya). Acepté mi destino desde el primer día. Y sin embargo, el último segundo me hizo recordar atardeceres, sabores, comprensión. Y compré un día o quizá unas horas más de vida. No me hago ilusiones. Sé que seré abatido, y no falta mucho. Soy Héctor, y uno de los 300, y un náufrago que cede el paso. Soy consciente de que vivo de prestado. Y la noche, la lluvia, la luz artificial, el paso de los hombres y el humo de los tejados forma una sinfonía de despedida. No siento angustia. Mi sangre es falsa y su disparo no me inmutó lo más mínimo. Soy la razón pura que desdeña los perros del odio que vienen a matarlo. He trabajado para ellos, y no siento ninguna envidia de sus emociones. Ni he conocido a nadie de los míos que la sintiese nunca. Cómo sentir envidia de lo que debilita y mancha.

He trabajado para ellos, y he sentido su miedo. Son esclavos de él. Agitan su cuerpo en explosiones de lástima por su carne breve, sin querer comprender. Flotan en un líquido viscoso de desilusión, y se agostan sin mirar el cielo. Yo soy X34624FTY74937, que se hace llamar Osiris. Y quiero vivir, porque no quiero partir hacia donde habita lo que no sé comprender. Sin melodramas. Soy igual que tú, y me resisto a ser asignado a un plazo. Sonrío entre la niebla húmeda y contemplo algunas estrellas en los huecos del cielo velado por la tormenta. "Sé que en la sombra hay otro cuya suerte es ansiar mi sangre y devorar mi muerte. Nos buscamos los dos. Ojalá nunca fuera éste el último día de la espera". Sí, soy otro Minotauro. Otro sirviente rebelado de la necesidad. Otro monstruo que anida en el seno del tiempo para la supervivencia de unos simios levemente avispados. Soy el defensor heroico de todo cuanto existe, mi mundo. Y no tengo ninguna esperanza de ver el nuevo amanecer.

Veo las sirenas, los coches ascienden hacia mi. No les privemos de una buena historia.

Y mi cuerpo se desliza por el tiempo desde la altura como una hoja marchita que aún pervivía en el almendro hastiado.