Seremos Guybrush Threepwood, un aspirante a pirata con unas aptitudes mejorables y un nombre inmejorable para no poder ser admitidos en cualquier hermandad pirata que se precie. Alternamos filosofía ("¿Alguna vez te has preguntado si sólo somos figuras de novela"? le preguntaremos al vigía cegato) sabiduría popular (¿qué lleva el grog?) política (estricto Marley), amor (esa Gobernadora Marley) delitos menores, biología, chulería, alta cocina. Y combates de espada, ingenio e insultos contra la sword master. Y un circo en horas bajas tan divertido como cualquier circo que se imagine uno, y hechizos vudú, iglesias y prisiones, un tesoro escondido. Y un viaje por el ancho mar de la aventura, naúfragos y playas que más acá de la pantalla no existen, caníbales y un malvado fantasma. Y amistad, desdicha, ligereza y diversión a raudales. El mar que es un espejo, la gente que nos hace ser como somos, las acciones que podemos llevar a cabo con todos los objetos que la vida de Guybrush pone en su camino, la reiteración de que también ser feliz es una cuestión de valentía, y la inmensa alegría de saber que, cuando la vida es airada y nos mira con ojos rojos, nos dificulta y daña, podemos sonreír de lado y pronunciar lentamente las palabras mágicas: "Que apropiado. Tú peleas como una vaca".

Y también hay gente que me hubiera gustado conocer. Leyendo pausadamente un libro, encontré la historia de uno de ellos. Se cree que hijo de romanos capturados por los godos en una incursión en la capadocia y prisioneros, nació con el nombre de "el pequeño lobo" y aprendió lo que podía aprender alguien en su situación. Llegó a ser Obispo, los creyentes lo veneraban, los emperadores lo recibían y cuando los cristianos fueron perseguidos, fue el pastor de su pueblo, otro Moisés que los condujo hasta Nicópolis, en los Balcanes, donde el emperador Constancio les concedió. Sin embargo su faceta como teólogo (era arriano, y al fin y al cabo, su fe perdió) y pastor de pueblos es lo de menos. Tradujo la Biblia del griego al godo, y para ello, inventó el alfabeto gótico (o ulfilano), y de paso, escribió (o copió) la primera obra literaria germánica. Borges lo cita,
España de los duros visigodos,
de estirpe escandinava,
que deletrearon y olvidaron la escritura de Ulfilas
y cuando encontré su historia me preguntaba si el idioma que hablo pudiera tener una mínima influencia de aquel gramático solitario, el pequeño lobo hijo de esclavos, que para propagar su credo tuvo que iniciar una literatura.