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miércoles, 10 de abril de 2013

"Ayer no más", o ese río hecho de olvido y silencio.

Los españoles acabarán olvidándose de la guerra civil por cansancio, no porque haya terminado.

Se olvidarán, pero mientras siga habiendo muertos en las cunetas, estos serán una semilla que el día menos pensado germinará con vigor inusitado reclamando justicia. O no. La memoria hay que cultivarla; el olvido crece solo


Recuerdo haber hablado en algunas de mis primeras entradas en el blog del pueblo de mi madre, "mi pueblo". No es un sitio con nada especial. Su río, sus parcelas, sus eras, su iglesia con espadaña,  sus cotilleos, pasiones y rencores. No es especial tampoco en cierto hecho sucedido cuando mis abuelos apenas   iniciaban la adolescencia: los vecinos sacaban de sus casas a gente y en la plaza del pueblo, donde tantas veces vi la verbena en las fiestas, les pegaban un tiro y los enterraban en cualquier parte. Y he visto en una exposición sobre republicanos en campos de concentración nazis, que un vecino de ese pueblo acabó en Dachau, tras huir de su muerte segura por rojo.  Ha sido curioso enlazar algo que imaginaba tan deliciosamente provinciano (bueno, es un pueblo de Zamora, pero yo soy de Salamanca, que no es Nueva York xD) con un horror de eco tan universal.

Supongo que ese es el punto. Aquí pasó una locura colectiva abrasadora por encima de todos, más 40 años de férreo totalitarismo astuto que se trasmutó en un más leve autoritarismo que se esforzaba por enseñar una sonrisa de progreso material amable...y un pacto muy estimable en su momento pero que se ha revelado obsoleto. Y así andamos, dando vueltas a una monomanía como el personaje del corazón delator,

Hablé con mayor rapidez, con vehemencia, pero el sonido crecía continuamente. Me puse en pie y discutí sobre insignificancias en voz muy alta y con violentas gesticulaciones; pero el sonido crecía continuamente. ¿Por qué no se iban? Anduve de un lado a otro, a grandes pasos, como si las observaciones de aquellos hombres me enfurecieran; pero el sonido crecía continuamente. ¡Oh, Dios! ¿Qué podía hacer yo? Lancé espumarajos de rabia... maldije... juré...[...]  el sonido sobrepujaba todos los otros y crecía sin cesar. ¡Más alto... más alto... más alto!

andando entre tablas que esconden heridas que ya no son tales para casi nadie, pero de las que llevan surgiendo desde hace casi 75 años cientos de interpretaciones, honestas, cobardes, malvadas, valiosas, subvencionadas, agudas, maniqueas...que aspiran a moldear nuestro presente y nuestro futuro. Y más allá de la presunta indiferencia, más alto y más alto.

Que pesado soy. Yo venía aquí a hablar de un libro, un buen libro. Se titula "Ayer no más" y trata de la cantidad necesaria que un ser humano necesita de olvido y de memoria. Y de la paz, la piedad y el perdón de Azaña, más la justicia y la venganza, la honestidad y el cinismo, el amor y el rencor, y al fin, de como cada cual escoge la manera de administrar cada una de ellas. Y como hay silencios de paz y silencios de miedo. No menos importante, en mi opinión, como la solidaridad no debe confundirse con el victimismo. Y como son las guerras, o lo que nos cuentan de ellas; es arribar a la isla del enigma, donde todos mienten. La inmensa mayoría convencidos de que dicen la verdad.

Y sí, para mí no es la guerra, sino conocer la razón por la cual la guerra acabó con mi padre, la razón de ese poso de amargura que he descubierto siempre en su alma, y saber qué tienen en común su perpetuo desasosiego y esta tristeza mía que más he detestado porque he visto siempre en ella la sombra de aquellas muertes y de la muerte.

Para mí no es la guerra, sino el temor de no honrarlo como debe honrar un hijo a un padre, y salvarle en mi amor, tanto como salvarme en él.

Para mí no es la guerra, sino saber por qué somos sus víctimas sin haberla hecho, por qué nos han mentido


Un historiador vuelve a León, su ciudad, donde vive su familia. Su padre fue un destacado fascista, y están distanciados. Un día, ambos se encuentran, y un tercero reconoce a su padre como uno de los falangistas que estuvieron presentes en el asesinato de su padre cuando pretendía huir a un lugar seguro, porque temía por su vida. Uno de ellos le descerrajó un tiro, sin mediar palabra. Entre su familia, su trabajo, sus compañeros y sus dudas, deberá encontrar la manera de hacer lo más correcto. Y en esa búsqueda de la verdad y la tumba de un hombre inocente se resume lo que fue una guerra bestial. Y cada personaje, da sus razones y se justifica, y se miente a sí mismo un poco. Algunos personajes quizá resulten algo caricaturescos, pero según avanza la novela, el autor consigue darles el hálito necesario para que se alcen por encima de su simbología

La cordura saltó por los aires y los de diecisiete años de un bando y los de diecisiete años del otro se lanzaron a aniquilarse. Pasado el tiempo, con medio millón de muertos en el frente y otros cientos de miles en las cunetas y en los patios de las cárceles, nadie reconocería su responsabilidad.Los derrotados hemos sidolos hijos de los que hicieron la guerra: jamás conoceremos la verdad. Como en el poema de Kipling: "¿Te preguntas viajero, por qué hemos muerto jóvenes/ y por qué hemos matado tan estúpidamente?/ Nuestros padres mintieron: eso es todo

No es una novela acerca de la guerra (aún falta para que haya suficiente distancia y aparezca alguien con tanto talento como para llevarla a cabo, se dice, y estoy de acuerdo), sino sobre la gestión del pasado, el oficialismo y la moral pública y privada. La política y la ley. Y la pobre gente que tuvo que elegir, o aquellos que se mataron con frenesí revolucionario o fascista y todas las víctimas, muchas de las cuales hubieran podido ser, o fueron, verdugos. Y de los que apenas hemos recibido el eco, pero hemos querido saber, y hemos sabido de amargura (un abuelo mío fue falangista; el otro estuvo en el presidio de Ceuta), y de tratar de comprender a esos muchachos envenenados por el odio.

Hay una escena que me recuerda mucho la tierra que antaño tanto visitaba y hoy solo idealizo desde un cuarto a miles de kilómetros: el protagonista desea conocer más de la historia, pero calla el nombre de su padre. Esa pareja de abuelos, con los muertos inocentes, su derrota, sus humillaciones en la posguerra y su vida de mierda desde los 9 años hasta los casi 90, lo reciben como alguien muy importante "de la ciudad", que les ayudará a encontrar la tumba de su padre.

La mujer de Graciano apareció con un plato de sequillos nevados y unos refrescos, y añadió, ¿quiere otra cosa, un whisky? En su boca la palabra whisky sonó a una droga que ella podía dispensar pero que jamás se le había ocurrido probar. Trajo la botella. Sin desprecintar. Comprendí: la habían comprado para agasajarme.

Y aunque sé que Graciano sabe que hay una parte de la historia que es más oscura, sólo desea morir con un poco de paz.... y toda esa resignación, agradecimiento, ternura e ilusión de anciano me queman por dentro, iluminan y queman todas las teorías, todas las explicaciones académicas y opiniones lejanas con lo único que quedó de aquello: el dolor desnudo . Un buen libro, en mi modesta opinión. De aquellos que te impelen a escribir algo poco después de finalizarlos, si tienes un blog. Desde aquí, recomendados quedáis, si os interesa. Pobre(s) Graciano(s), pobres nosotros, naúfragos en la corriente oscura de un río de olvido que a veces resurge con ferocidad y nos trae a la cara tragedias que ni siquiera fueron las nuestras, pero ocurrieron tan cerca y en lugares tan inocentes que de cierto modo, también son lo que somos.



Para mí no es la guerra, sino conocer la razón por la cual la guerra acabó con mi padre, la razón de ese poso de amargura que he descubierto siempre en su alma, y saber qué tienen en común su perpetuo desasosiego y esta tristeza mía que más he detestado porque he visto siempre en ella la sombra de aquellas muertes y de la muerte.

Para mí no es la guerra, sino el temor de no honrarlo como debe honrar un hijo a un padre, y salvarle en mi amor, tanto como salvarme en él.

Para mí no es la guerra, sino saber por qué somos sus víctimas sin haberla hecho, por qué nos han mentido


La literatura aborda dolores que la historia no puede hacer sino acumular y haciéndolo, los desvirtúa. Y está bien poder leer cosas así...y pensar en nosotros, todos. Hasta pronto.




jueves, 14 de octubre de 2010

Azar y providencia, o los meandros de la fortuna y del horror.

Los ponientes y las generaciones.
Los días y ninguno fue el primero.
La frescura del agua en la garganta
de Adán. El ordenado Paraíso.
El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El hexámetro. El espejo.
La Torre de Babel y la soberbia.
La luna que miraban los caldeos.
Las arenas innúmeras del Ganges.
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña.
Las manzanas de oro de las islas.
Los pasos del errante laberinto

Berlín, 1914. Tras el asesinato del heredero Francisco Fernando el pasado 28 de junio, se suceden los ultimatum y la sombra de una guerra múltiple se cierne sobre Europa. Pero nadie quiere ser el primero en desatar la bestia. El Kaiser Guillermo II, desvelado, piensa si no se habrá precipitado y llama a capítulo a Helmuth Johan von Moltke, jefe del estado mayor, para averiguar, si sería posible, esperar un poco más, buscar una salida de esa trampa diabólica en la que se había metido.

"«Majestad, no se puede hacer», replicó Moltke en aquellos momentos. «Estas disposiciones han requerido una labor muy minuciosa durante un año...», y Moltke guardó un breve silencio después de haber pronunciado estas palabras, para añadir la base de todo gran error alemán, la frase que provocó la invasión de Bélgica y la guerra submarina contra Estados Unidos, la frase inevitable de los militares cuando intervienen en la política: «... y lo que está dispuesto, no puede ser alterado»", según relata Barbara W.Tuchman en su impresionante Los cañones de Agosto. La Primera Guerra Mundial había comenzado, en parte porque los planes para coordinar los 11000 ferrocarriles que parten hacia la noche de Europa no podían alterarse. La providencia actúa por caminos raros, o bien no existe.

El infinito lienzo de Penélope.
El tiempo circular de los estoicos.
La moneda en la boca del que ha muerto.
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.

Munich, primeros de Agosto de 1914. La euforia se desata entre la muchedumbre, una oportunidad heroica. Una foto muestra la euforia general, y en ella, un futuro soldado que participará y conseguirá la cruz de hierro del ejército alemán. Adolf Hitler.



10 años más tarde. La Guerra ha provocado una revolución marxista en Rusia, que en pocas semanas ha pasado de imperio zarista a república comunista.Su principal ideólogo y lider de los bolcheviques, Lenin, dirige la revolución y la guerra entre blancos (opuestos a la revolución) y rojos (revolucionarios), mas en 1922 sufre dos infartos y su actividad política desaparece. Morirá en 1924, y la carrera por su sucesión empieza. Un candidato desaconsejado por Lenin en su testamento, Koba, luego apodado de diferentes formas hasta ser llamado a sí mismo "acero", Iosif Stalin es rescatado por dos miembros del comité central, Zinoviev y Kamenev; enemigos del principal candidato a liderar la revolución, Trotski, salvan su carrera tras una (se supone) tensa reunión. 12 años después, serán asesinados por orden de Stalin. Por las mismas fechas, Adolf Hitler afronta un juicio por el golpe de estado fallido que provoca un año antes. Puede ser condenado hasta a 20 años de trabajos forzados, y ver vedado su futuro acceso a la nacionalidad alemana. El juez simpatiza con los nacionalistas (a diferencia de los salvadores de la carrera política de Stalin, será recompensado como Juez del Tribunal Supremo de Baviera) y en un momento abisal de la historia humana permite a Hitler dar un discurso tras otro en su defensa, el fiscal se apiada, reduce su petición a 8 años, el juez la reduce a 5, y tras 9 meses en prisión (una prisión extraordinariamente leve, en la que dictará "Mi lucha") es puesto en libertad. Su odio contra los responsables de la rendición alemana ("los criminales de noviembre") es patente. Y la "visión del mundo" contenida en su libro, meridianamente clara.

Las águilas, los fastos, las legiones.
César en la mañana de Farsalia.
La sombra de las cruces en la tierra.
El ajedrez y el álgebra del persa.
Los rastros de las largas migraciones.
La conquista de reinos por la espada.

1929. Trostski ha sido eliminado de la carrera por la supremacía del Partido (su eliminación física llegará más tarde) y sólo se interpone en el camino del zar rojo hacia el poder absoluto un posible rival, Bujarin, "el favorito de todo el partido", según Lenin. Al cabo de unos años, el nuevo favor está con Stalin, que humilla y fnalmente manda asesinar a Bujarin, que escribe la noche antes de ser fusilado: "Koba, ¿por qué necesitas que yo muera"?

El eco del reloj en la memoria.
El rey ajusticiado por el hacha.
El polvo incalculable que fue ejércitos

1933. Tras unas elecciones ganadas de una manera cataclísmica, que Hitler reduce a la nada al negarse repetidamente a formar un Gobierno de coalición, otras elecciones que reducen drásticamente el poder de su partido impulsan al futuro Fuhrer a seguir la senda del realismo, y las negociaciones finalizan con su puesto de canciller, rodeado de un gabinete moderado conservador que se siente convencido de poder controlar sus movimientos más extremistas.

La voz del ruiseñor en Dinamarca.
La escrupulosa línea del calígrafo.
El rostro del suicida en el espejo

Stalin negaba cualquier influencia del azar en su surgimiento. Sólo creía en la voluntad humana.
Coincidía con Hitler, que además se consideraba un instrumento de la providencia.

El naipe del tahúr. El oro ávido.
Las formas de la nube en el desierto

1945. Un pacto entre dictadores, la guerra más monstruosa jamás habida, el hundimiento del régimen nazi y la irrupción de la URSS como Superpotencia, tras sólo 12 años. Al final de estos asombrosas aconteceres, que tantas circunstancias y sobre todo, tantos hombres, pudieron evitar, los cadáveres inundaban todos los campos del Mundo. Adolf Hitler ha muerto. Iosif Stalin se convierte en el hombre más poderoso del mundo.

Cada arabesco del calidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.

El horror también tiene azares sobrecogedores y vericuetos insondables, llenos de tragedia y dolores futuros.Causas y azares, como el amor, a la inversa.

Se precisaron todas esas cosas
para que nuestras manos se encontraran.

sábado, 21 de agosto de 2010

El Gran Juego



Kabul en 1879


El gran juego relata una historia de oficiales ambiciosos y aventureros con muchísimas agallas para disfrazarse de mercaderes armenios o de peregrinos y recorrer desiertos y montañas jamás visitados por un europeo: los rusos para estudiar la manera de expandirse hacia la India; los ingleses para salvaguardar su imperio colonial y crear en las fronteras una serie de estados colchón con emires, khanes y reyezuelos fantoches. Una historia de emboscadas, decapitaciones y asesinatos en los palacios reales.
Umberto Eco, "Crónicas del Gran Juego"

El Gran Juego, o Torneo de sombras (la denominación proviene de la novela de Rudyard Kipling "Kim"), es simplemente la lucha sorda que mantuvieron los imperialismos ruso y británico sobre los territorios de Asia Central, sin enfrentarse nunca directamente en una guerra abierta. La mayor parte de las versiones que conocemos provienen de fuentes inglesas, conviene saberlo. Fue una lucha indirecta de guerrillas, espionaje, opinión pública y diplomacia para atraer a las tribus de las zonas donde se jugaba un destino que ha seguido volviendo y volviendo a jugarse hasta la actualidad, aunque no haya llegado a ser conocida con la amplitud que querríamos (la propia naturaleza encubierta del Torneo lo exigía, obviamente).

La historia, muy resumida (no soy ningún experto, espero no cometer demasiados errores) es la siguiente: la India (que comprende lo que hoy es Pakistán) había sido colonizada, conquistada y puesta bajo una administración colonial por... ¿Inglaterra? No exactamente, esa función había sido asumida por la compañía de Indias Orientales, que asume la administración y la puesta en marcha de un ejército propio sobre un territorio muy vasto. Es irrelevante de todas formas, se convierte en la joya de la corona, y la participación de Inglaterra será enorme desde entonces.Y aquí aparece el Imperio Ruso, bastante más atrasado, pero temible que quiere ocupar posiciones para consolidar su influencia en Asia Central y comienza, o sigue, más bien, su participación en el gran juego. La casilla central, inevitablemente, será un pais de una orografía dificilísima, no centralizado y que es percibido a la vez, según las intenciones contrapuestas, como cabeza de puente o como plataforma amenazante del Imperio Británico: Afganistán.

Sin embargo, no es la única casilla. Hay que contar también con Persia y el Cáucaso, partes de China, Nepal, el Tíbet, los actuales Pakistán y Cachemira y la propia e inmensa India. Un territorio inabarcable que la codicia y el afán de poder empujaban a ambos bandos a tener bajo su control (o hacerse la ilusión de que no podrán ser casillas enemigas), y presionar desde sus casillas conquistadas (siempre de forma provisional. Los caudillos locales aprendieron a jugar muy pronto, y desde luego sus ambiciones eran de igual signo). Es interesante hacer notar la absoluta ignorancia entre occidentales y orientales a lo largo de sus relaciones, los colonialistas estaban convencidos de su superioridad y con eso les bastaba, los naturales del lugar debían considerarlos como una especie de extraterrestres locos que serían de risa si no fuese por su fuerza militar, supongo.

Estos territorios eran espacios desconocidos para los imperialistas, que se apresuraron a explorarlos para poder dominarlos e inclinar la balanza a su favor, sin pedir ningún tipo de opinión a los naturales de aquellas regiones, por supuesto, como todos los imperios que en el mundo han sido, utilizándolos como aliados o espías, y a veces siendo utilizados por ellos, también. Abierta u ocultamente estos exploradores-espías-soldados midieron los grandes montes del himalaya, buscaron las fuentes de los grandes ríos de la India o pudieron redescubrir la ruta de la seda, con sus ciudades míticas semienterradas en el olvido.De muchísimos de ellos no queda el nombre ni la memoria. Los peones no suelen estar destinados para la gloria.Sin embargo, como ya se ha dicho, donde se centraliza el gran juego es en Afganistán. Los británicos, al darse cuenta del posible peligro que entraña el dominio ruso, se apresuran a intentar dominar el pais a través de un gobierno títere, en 1838. El aspecto militar no supuso un gran problema para el ejercito británico...pero cuando éste desaparece, todo se viene abajo. La fuerza militar reducida que se había mantenido es continuamente acosada por la población civil (o bien, tribus rebeldes y en la práctica irreducibles, seguramente con la influencia rusa que en ese momento convenía golpeando desde las sombras), y aniquilada cuando decide la retirada (no hay hipérbole en el término, 16.000 personas, salvo un médico, William Brydon, fueron muertas en el paso de Jyber, hoy perteneciente a Pakistán y la salida natural hacia la India que entonces controlaban los ingleses. Desde ese momento de infierno para los europeos y reforzado más de un siglo después con la derrota soviética, Afganistán recibirá un nombre truculento: La tumba de los imperios. Supongo que no sería muy popular usar mucho el nombre en los telediarios ). El desastre cambia la visión con que los británicos van a considerar despues a Afganistán, que dado los costes inasumibles de su ocupación, pasará a ser según la estrategia británica un estado que actúe como barrera entre las zonas de influencia rusa e inglesa.

Pero la expansión rusa persiste, y llega al Rio Amu Daria, que sirve parcialmente de frontera afgana. Además, su diplomacia entabla relaciones con el Gobierno afgano (habían aprendido del error británico de controlar militarmente un territorio peligrosísimo, muy montañoso, en el que tener en contra a las tribus locales era un camino directo al fracaso). Los ingleses reaccionan exigiendo otra audiencia, que es rechazada, y vuelven a declarar la guerra a Afagnistán.Fue otro revés, aunque no tanto como la debacle de la primera guerra anglo-afgana. De nuevo, una campaña militar eficaz, el control de Kabul. Y de nuevo, cuando ya parecía acabada, empezó la verdadera guerra, con un brote de cólera en el ejército, además. Hubo de nuevo rebelión, y anque esta vez los ingleses supieron preservar su fuerza, acabaron abandonándo, dejando a un gobernante que ellos creían más favorable a sus intreses... y poco más, salvo que parecieron aprender la lección de que cuanto más intentaran imponerse como dominandores del pais, más odiados serían, y lo tendrían más difícil. A partir de ahora adoptarían la táctica del juego encubierto y apoyo a los reyes locales que iban adoptando en otras zonas. Y de esa forma, a través de esa táctica indirecta y sin enfrentarse, ambos expansionismos encontraron acomodo en determinadas zonas de influencia, sin molestar mucho a los demás...hasta que fueron entrando nuevos jugadores, que veían y ven zonas de amplios recursos, de gran población, etc... y quieren atraérselas a su bando. Y en sus juegos de gloria y poder, van conformando nuevos mapas. Asia Central, como dijo Churchill de los Balcanes, produce (o se la producen) más historia de la que puede soportar, supongo

El gran juego continúa, con los mismos errores, enfrentamientos, pero sin el halo romántico (no fue romántico para las víctimas de la ambición europea, entre las cuales hubo bastantes europeos, también) que nos pueden evocar ciertos episodios. Hoy las estrategias globales contra el terrorismo se conjuntan con construcciones de gasoductos y descubrimientos de yacimientos de litio (una divertida entrada al respecto: http://evocid.blogspot.com/2010/06/una-de-marcianos.html ). Y todavía queda mucho, mucho tiempo, hasta que termine. Al menos, nos queda el intento de aprender mejor lo que sucedió, y saber que hoy, los adversarios del gran juego por Asia Central no son khanes fatuos que preguntan a los emisarios extranjeros si es que acaso esa reina Victoria tiene 20 cañones, como ellos lucen. Saben jugar y tienen buenas cartas. Y algunos parecen estar decididos a ser temibles jugadores. Y mientras el juego transcurre entre vanguardias sordas de culturas distintas sobre las cuales los pertenecientes a las otras suelen, solemos mirar con asombro, recelo y desconocimiento, generaciones enteras se han acostumbrado a vivir sin esperanza. Ojalá el mundo fuera un lugar con juegos más inocentes.

lunes, 8 de marzo de 2010

El hombre que dijo no (sobre la interpretación de los hechos)

Miles de reflexiones contradictorias, deseos, recuerdos, soledades, triunfos y fracasos, angustias, pesares, sueños, impulsos, añoranzas, disgustos pasados y temores futuros, su esperanza, la certeza de su muerte... y todo ello era un bloque sobre sus hombros, un peso que inclinaba su cuello para que su mirada no viese más allá que 3 pares de botas sobre el suelo húmedo.Cuando todos sus recuerdos y sus anhelos fueron demasiado dolorosos y tuvo que dar su voto en la encrucijada de la historia a la que un maligno espíritu parecía haberle arrastrado, sólo pudo decir en un susurro apenas audible:

-No.

Entre los dedos temblorosos de los dos oficiales que habían apoyado la decisión de iniciar el ataque, las llaves parecían puñales refulgentes hendiendo la oscuridad levemente atenuada por las luces rojizas. Finalmente, los brazos cayeron bajo el peso de la decisión, y se dispusieron a esperar morir bajo más cargas de profundidad en una guerra que quizá estuviese destruyendo ya a sus propias familias, o quizá tratar todo como un sueño desorientador que pasaría en breve y poder ver en unos pocos días sobre la superficie del mar al sol escalar de nuevo sobre el horizonte.


Esto es una simple recreación dramática, falsa y practicamente irrelevante sobre uno de los hechos más trascendentes de la historia humana, conocido hace unos años, a raíz de la desclasificación de los archivos soviéticos. Durante la crisis de los misiles cubanos de 1962, un Submarino nuclear soviético que llevaba horas sumergido y no sabía como se estaría desarrollando la situación altamente inflamable, a un paso de la guerra, que el mundo vivía cuando se sumergió para movilizarse junto a toda la flota de la URSS, pudo atacar con armamento nuclear a los Estados Unidos. El voto de un solo hombre lo impidió. Se llamaba Vasili Arkhipov.


La verdad suele ser poliédrica, o así la solemos interpretar mejor, al menos (cabe la posibilidad de que sea tan clara que en ocasiones no tenga grietas ni meandros ni brotes ni esquinas: pero nosotros sí, y somos nosotros quienes valoramos los hechos, que a menudo son complejos). Así que cuando se conocen historias extremadamente difíciles de concebir, como si fueran nudos en que se anudan la confluencia de la historia y la humanidad de una forma imposible de desenlazar, la tarea es imposible. Pero quedan las aproximaciones. Nunca podremos agotar una verdad como la del marino Vasili Arkhipov, porque está llena de vértices, pero a su vez es sencilla, en lo que concierne a lo esencial. Dijo no en una decisión crucial en un momento trascendente, y quizá salvó más vidas de lo que nadie puede imaginar. O al menos, evitó a otros la posibilidad de equivocarse en "el momento más delicado de la historia de la humanidad", según la expresión del historiador Arthur M. Schlesinger. El destino lo colocó en un sitio poco envidiable, y supo estar a la altura. Por supuesto, son muchos detalles los que desconocemos (es altamente improbable que los lleguemos a conocer nunca), y no sabremos las circunstancias personales, que en ese momento eran las circunstancias más importantes de la tierra. La alegría, el futuro, la existencia de millones de personas quizá dependen en algún momento del desayuno frío o amargo de alguien, su relación puntual con alguno de sus compañeros, la nostalgia por sus seres queridos, y la paz de su mente y el bienestar de su cuerpo quizá sean durante un breve lapso de tiempo el mismo latido del mundo, durante unos minutos infinitos...o quizá esto sólo sea un interpretación exagerada de una de las incontables aristas que podríamos seleccionar. O también puede que sea exactamente lo que ocurrió. Evidentemente no significa que debamos dar el mérito de la prudencia de Arkhipov a quien preparó su café, pero es seguro que si pudiésemos elegir, querríamos que no sufriese en ese momento un corte de digestión.

La reflexión sobre los temas más arduos de concebir está llena de peligros: el embellecimiento, la banalización, la obsesión por los detalles, la búsqueda de motivaciones ocultas. En cierto modo es lógico, es imposible pretender llegar hacia el fondo de algo que resulta tan abrumadoramente real que desprende un aroma a irrealidad tremendamentente esquivo (¿quién puede imaginar seis millones de muertos?, ¿a nadie le pareció que el derrumbe de las Torres Gemelas parecía no estar pasando en realidad?). Así que quedan los análisis de los detalles que poco a poco crean un cuadro más comprensible. Pero creo que siempre debemos aceptar que el núcleo de esas realidades siempre permanecerá cerrado en un sentido sustancial a nuestras explicaciones que llegando a un cierto punto, sólo serán un balbuceo errático. Parece inevitable.

Ahí están, con las llaves en la mano en el puesto de mando, de pie o sentados (¿dará igual?), exponiendo la situación, con discusión previa o no, intentando convencerse o no, discutiendo acaloradamente o en pocas palabras...dos votos a favor (los de el capitán, Savitsky, y el comisario político Ivan Semonovich Maslennikov) y una última decisión por tomar, a cargo del segundo oficial del submarino, entre la presión de los golpes cerca del casco, la profundidad y el espacio angosto. Afuera, la decisión de la invasión de cuba está tomada, fijado su inicio a las 4 de la tarde. 2 aviones abatidos. Todas las tropas movilizadas. Una partida de gélido ajedrez sobre las que los participantes creen tener control. Pero bastaría un fallo o un malentendido para que el tablero les estallase en la cara. Parece que estuvo a punto de suceder, y parece que debemos a la sangre fría de una persona una situación más...bueno, mejor dicho, un poco menos catastrófica del mundo. No es poco.

Otra interpretación del hecho, que, como todas, resalta algunos aspectos, obvia otros, y saca sus conclusiones. Personalmente creo que es un gran artículo, lleno de información y fuerza.

http://www.elpais.com/articulo/opinion/marino/Arkhipov/suerte/mundo/elpepiopi/20040702elpepiopi_6/Tes/

Y aquí, una visión bastante ceñida a las versiones secretas de ambos bandos. Parece ser que el primer oficial, fuera de sí abogaba por lazar el armamento nuclear y hundir el barco que creía que les atacaba, antes de que su segundo lo calmase, y a pesar de que tenía autorización táctica para lanzarlo, renunciase a actuar de una manera quizá irreversible y esperase una orden que afortundamente nunca llegó.

http://history101.multiply.com/journal/item/192

Y por último, una biografía de nuestro héroe

http://en.wikipedia.org/wiki/Vasiliy_Arkhipov

Espero que los enlaces os resulten interesantes :) , sólo puedo añadir, que la humanidad tenga en su gloria al segundo oficial del submarino soviético B-59 para siempre...

Seguiría divagando respecto a los mismos temas, pero sería aburrido y no aportaría nada más, si es que lo he hecho antes. Lo que pueda pensar a partir de ahora, y lo que (espero) os incite a pensar a vosotros queda fuera de este espacio, para que quizá podamos aprender una valiosa lección. Para acabar, se me ocurre que esta fascinante y trágica historia con un final feliz ofrece una buena razón para intentar hacer lo correcto:nunca sabremos, hasta que llegue si lo hace, si algun día el mundo, la historia, la humanidad o el espíritu de nuestro tiempo nos requerirán.